etica y moral

Wednesday, September 13, 2006

Análisis del texto

El siguiente artículo nos presenta una visión bastante técnica en relación al mundo de la televisión y nuestros niños y niñas, de ahí que se mencione a Piaget, por ejemplo, o la colaboración por parte del adulto en las resoluciones de problema que implica además la participación guiada, denominada como la zona próxima, puede decir que este artículo nos revela situaciones cotidianas dadas en el interior de una familia:

Televisión: Icono de culto (a propósito de un listado en el artículo dice: “mejor lugar”.
Recuerdo de una publicidad española, en la cual un niño estaba sentado frente a una televisor, aparecía el perrito regaló y se le paraba al niño en dos patas mientras el niño era absorbido por los mensajes televisivos, luego el perrito traía los juguetes favoritos del niño para jugar con este, pero el niño era indiferente y seguía concentrado en la televisión, finalizada la publicidad en la cual el perrito presentaba un rostro triste, con lágrimas en los ojos y en su hocico traía una bolsa enganchada en un listón, se iba el perro de la casa, mientras el niño miraba televisión, sin duda este comercial me causó un efecto mediático como entristecerme, pero con el tiempo me ha servido para reflexionar:
¿Porqué le damos un lugar especial a nuestro televisor?
Si existen personas, que realmente uno ame.
¿Cómo nos educamos en el valor universal de amarnos?
Todos, desde que nacemos somos seres indefensos, que solo diferenciamos el color y el alimento maternal, pero a medida que crecemos vamos percibiendo al mundo que nos rodea, y así le damos nombres a la cosas, y debe cristalizar el arte de amar, especialmente entre los ocho y diez años, momento propicio en que el niño ama y lo toma como suyo la acción que realizar (El Arte de amar, Erich Fromm /cap. “El amor entre padres e hijos” pág. 454,46, 47, Editorial Antártica S.A.), y es el momento o la edad en que los padres instalan a os niños frente a una pantalla, dejándolos solos, ya que sus progenitores no tienen tiempo ya que trabajan o bien para que el niño no moleste, y así se instala esta relación entre aparato (medio) y el niño (fin), y en este cuadro el profesor también es cómplice pasivo, pues en su acción pedagógica, no instala con el apoderado la temática de amar en: conjunto, tareas comunes, y el valor agregado de esta acción solidaridad, tolerancia mutua entre apoderado y alumno.
Un segundo punto a considerar: Lenguaje televisivo del adulto frente al niño: Lo que debemos realizar los profesores es propiciar un clima de reflexión del apoderado, instando la cultura del cuestionamiento, es decir, el ejercicio de analizar los programas de televisión, junto a su educando el padre debe mostrar una actitud mas crítica que al fin y al cabo es un molde a consignar por el niño con el tiempo esta relación se debe propiciar tanto fuera como al interior de la sala, es decir, la ecuación, ética y teoría como moral a práctica (diapositiva o idea presentada por el profesor Fernando Leiva en el curso ética profesional, que es la mas difícil lograr, en el comportamiento humano y el profesor debe ser involucrarse totalmente en la educación: alumno – apoderado.
El tercer punto a considerar es la maravilla de la mente humana, que da vida a todo lo que no es inanimado (Piaget), este elemento me propicia la reflexión de cultrivar la mente de nuestros alumnos, es decir, la oportunidad real de inculcar valores, de presentar una aptitud que no absorba a la persona (dignidad) de cultivar en los alumnos la no envidia y la vanidad de no endiosar lo material, y convertirse en un esclavo del consumo futuro consumidor).
La mente de los niños está abierta para escuchar historia, cuentos, contar, etc. Pero si somos capaces de buscar o recrear situaciones significativas en la acción diaria, en relación a valores nos estaríamos volcando a una esencia de la educación en educación de valores (idea exhibida en diapositiva por el profesor formando en clase de ética profesional).
Concluyo recomendando este artículo no solo para los profesores y alumnos sino también para los amigos, amigos de tus amigos, etc., ya que nos permitió adentrarnos en la mentalidad de un niño (Piaget, Bandura, Kohlberg), tratando de entender a esta sociedad que nos bombardea con imágenes cuyo mejor representante son los medios televisivos, cuyos mensajes distorsionan la pertinencia cultural del niño y ojalá sean los profesores concientes de este fenómeno, fomentando diálogos más cercanos entre los alumnos.

Primer texto de análisis: La televisión: Un sutil agente educativo que permea la personalidad de los niños y niñas

Cuando observamos un niño frente a la pantalla del televisor mirando su programa preferido descubrimos una serie de conductas y actitudes que nos expresan abiertamente la susceptibilidad de los pequeños frente a los mensajes mediáticos que transmite la TV. El niño queda prendido, casi hipnotizado, por las imágenes en movimiento que sus personajes favoritos realizan; aprueban sus actos violentos, sobre todo cuando "luchan contra el mal", con palabras como "¡dale!, "¡bieeen!, "¡toma ya!"; imitan sus gestos, especialmente aquellos ligados a ciertos sentimientos adoptados por el personaje cuando "siente vergüenza", "saluda", "se enoja", "llora". Cuando el personaje se transforma en un "superhéroe" para "defender" al "mundo" del "villano" repite una "fórmula especial" que con suma rapidez también memoriza el niño y la reconstruye en sus juegos cotidianos. Toda esta serie de indicadores revela que el mensaje televisivo no pasa desapercibido por el infante, todo lo contrario, se asume como "verdad absoluta", al irrumpir con una poderosa fuerza en los procesos cognitivos, emocionales y volitivos del pequeño.
Por lo general, este proceso de decodificación del mensaje televisivo, lo realiza el pequeño, en solitario. El adulto está ausente, sea por razones laborales, o porque es un "programa para niños" y la temática no le interesa, o porque quiere "descansar", pero la opción televisiva que se ofrece no satisface sus motivaciones. Es decir, el niño se enfrenta a miles de imágenes, sonidos y mensajes que le sugieren una determinada forma de comprender la realidad y que, evidentemente, él incorpora como adecuada porque no hay quien le sugiera lo contrario, o le ayude a diferenciar la "realidad" de la "fantasía"; o le invite a cuestionar el mensaje oculto que transmiten determinadas escenas o personajes.
Es entonces cuando, la idea del bien y del mal que el niño adquiere como "verdadera" es la que observa en la TV, especialmente en las series infantiles, donde se mezclan hoy en día, los efectos de las nuevas tecnologías virtuales, que capturan la imaginación del niño y le suscitan nuevas emociones. A este complejo universo de experiencias mediáticas, se agregan los enlaces estratégicos que realizan las grandes compañías productoras de los "programas infantiles" con aquellas otras empresas mercantiles que ofrecen juguetes, ropa, accesorios, libros, juegos de vídeo, discos, entre otros, que con un afán lucrativo, intentan "completar" la visión de mundo que los pequeños han ido construyendo a partir de la serie y que le hacen suponer que lo observado en la pantalla puede ser "realidad".
De ahí que nos preguntamos, cómo interioriza el niño pequeño los mensajes televisivos si, su madurez y desarrollo cognitivo, transita por una de las etapas más susceptibles del pensamiento: la etapa preoperacional? En este sentido, de acuerdo con Piaget, el pensamiento del niño se caracteriza por el animismo, el realismo, el centralismo y la irreversibilidad. Esta forma particular de razonar hace que el pequeño dé vida a objetos inanimados y se le dificulte diferenciar lo real de lo imaginario, así como también fije su atención en determinados elementos o detalles y no pueda comprender la reversión de ciertos procesos.
Por lo tanto, en esta manera de entender el mundo, la participación guiada del adulto es fundamental. Según Bárbara Rogoff (1993),
"La participación guiada implica colaboración y comprensión compartida en las actividades rutinarias de resolución de problemas. La interacción con otras personas apoya a los niños en su desarrollo, guiando su participación en actividades relevantes, contribuyendo a adaptar su comprensión a las nuevas situaciones, estructurando sus intentos de solucionar los problemas y asistiéndoles cuando han de aceptar responsabilidades en la resolución de problemas13
Este apoyo que recibe el niño, por parte del adulto, potencia en palabras de Vygotsky, la zona de desarrollo próximo, de tal manera que, el avance del niño hacia nuevas formas de comprender la realidad, le permite crecer como persona, estableciendo mejores relaciones consigo mismo y con los demás.
III. La televisión en familia y el desarrollo de las dimensiones de la personalidad moral
Ahora bien, si el pensamiento preoperacional del niño le permite asimilar el mundo de una manera determinada y, dentro de este mundo, la TV ocupa un lugar muy importante, cómo se lleva a cabo entonces, en este proceso, su desarrollo moral.
Si partimos de las interesantes investigaciones de Piaget, Kohlberg y Bandura sobre el desarrollo moral y relacionamos sus criterios con lo tratado líneas arriba, se podrían extraer importantes conclusiones. Por una parte, Piaget sostiene que el niño se rige por una moral heterónoma, donde el adulto impone las normas y el pequeño las asume como válidas porque quiere su aprobación y teme al castigo. Kohlberg, por su lado, coincide con Piaget, pero amplía su planteamiento y propone tres niveles del desarrollo moral (preconvencional, convencional y postconvencional). Según Kohlberg, los niños menores de nueve años se ubican en el nivel preconvencional, en el cual se diferencian dos estadios. El primer estadio, se centra en la Moral heterónoma y el segundo, en el Hedonismo instrumental ingenuo, en donde la motivación de las acciones se deriva del interés por satisfacer los propios deseos y necesidades.
Por su parte, Bandura plantea que la transición por los distintos niveles está permeada por el papel del adulto como modelo. En este caso, algunos de los personajes televisivos, aunque no sean adultos, se convierten en modelos de imitación por parte de los niños
Es así como encontramos una serie de actitudes o conductas negativas derivadas de estos personajes que los niños interiorizan con suma facilidad, pues tienden al irrespeto, a la burla, a la malicia, a los golpes para solucionar algún conflicto y, en todo este proceso, qué papel juega el adulto que está cerca del niño. Lamentablemente, nos encontramos con personas que refuerzan estas conductas de diversas maneras, ya sea riéndose de tales acciones, o pasándolas desapercibidas, inclusive obligándole al pequeño a no hacerlas, pero este enfrentamiento por imposición, lo que hace es que el niño selecciona muy bien cuándo evitar la conducta y en qué momento reproducirla, por supuesto en aquella ocasión en el que el adulto está ausente.
Por esta razón, es que me parecen muy oportunas las sugerencias que brinda Aguaded, en torno a la Educación Televisiva en familia, sobre todo cómo lograr la implicación activa de los padres y madres en este proceso. Dentro de las propuestas que ofrece a lo largo del primer capítulo de su libro, apoyado también en posiciones de otros autores, quisiera resaltar las siguientes:
Refuerzo de las actitudes positivas.
Tamizar y mediar las emociones (Fuenzalida1982:32 y sgtes.)
Necesidad de controlar el tiempo y discriminar los programas. (Fuenzalida,1984)
Valor del diálogo (Ferrés,1994:137)
Desmitificar el medio, explicando cómo están hechos los programas, cuáles son sus trucos y secretos (Corset y Souchon,1982:170)
Enseñar a cuestionar la TV desde la realidad, aprendiendo a confrontar las imágenes televisivas con la realidad, para superar reduccionismos, clichés y estereotipos.
Rentabilizar los valores y contravalores.
Lugar en que está situado el televisor en casa.
Enseñar a ver la TV con el ejemplo, se convence con actitudes, criterios y posiciones reflexivas y críticas
Me parece importante detenerme en estas consideraciones para reflexionar en torno al lugar que la TV ocupa dentro de la familia. En muchos hogares, se convierte en un ídolo, al que se le asigna el "mejor lugar" de la casa para que todos puedan mirarlo. Cuando se observa un programa todos "deben callar" porque "el dios televisor" habla. Todos deben estar quietos, no hay espacio para las interrupciones. Hay que prestar atención a lo que nos "dice la televisión", especialmente si son los noticieros porque "aquí sí se dice la verdad de los hechos", o cuando se mira un concurso hay que enterarse de quién será el ganador.
Inclusive las expresiones del adulto que mira la televisión con los niños son también reacciones en las que se detiene el pequeño. Las frases que formula, cómo las expresa, con qué intencionalidad (o no) las dice, transmiten al niño una serie de mensajes que podrían ser sumamente negativos o altamente constructivos.
Resaltar aquellos elementos que podrían ser sugerentes para abrir el diálogo y la reflexión a partir de algún comentario o alguna conducta que se observa, o inclusive, de las frases o ideas que alguno de los telespectadores, expresa o quizá deja de expresa, son momentos que no deberían pasar inadvertidos. Estos elementos permiten un espacio importante para la interrelación familiar, la clarificación y construcción de actitudes y valores, así como la potenciación de las diferentes dimensiones de la personalidad moral de los televidentes.
Cuando nos encontramos que la televisión, junto con la familia y la escuela se convierten en uno de los principales medios de socialización de los niños y niñas, es necesario entonces revisar cuidadosamente su eventual aporte en la construcción de las dimensiones de la personalidad moral de los pequeños y, por qué no, de los mismos adultos.
En este sentido, podríamos reflexionar en qué medida el programa de televisión observado aporta al desarrollo de cada una de estas dimensiones de la personalidad, o inclusive en qué medida atrofia este desarrollo.
En la siguiente tabla se puede visualizar cada una de las dimensiones de la personalidad moral, con su respectiva conceptualización, así como las posibles preguntas que le permitirían al adulto generar una reflexión personal y, además, orientar una reflexión compartida con los niños y niñas, en torno al programa observado.